Hacia el despertar por la muerte 

"No solo hay un momento, sino que ese momento es eterno".

"Qué importa el traje que lleve puesto; "acaso no reconoces tu rostro?".

Hermano Mío, mi espíritu se ha sentado, esperando, entre el cielo y la tierra. Con una mano tocando el cuerpo marchito que habito y, con la otra, el cuerpo que formaron para mí las estrellas.

Hermano Mío, que no se entristezcan tus adentros y que tu corazón no sea una habitación donde convivan la amargura y la duda. Ya ves, mi cuerpo esta mortalmente herido por la espada del cáncer y, sin embargo, mi ser se regocija y se expande de alegría, se eleva y vuela esperando el momento del desprendimiento, esperando que se terminen de modelar las alas de la crisálida y que, como una cáscara seca, se desprenda la piel protectora para dar libertad al cuerpo de luz.

La Hermana Muerte se acerca y yo la Amo como Amo la vida; porque ¿acaso no es ella la puerta hacia mis adentros? ¿No es ella la que rompe el hechizo de la mortalidad? ¿La que sella el libro que empecé a leer cuando tomé este cuerpo físico que habito y rompe la ilusión de haberlo vivido tan intensamente que me olvidé de mí como todo?

La realidad es infinitamente más hermosa. Créeme: la realidad es más hermosa e inimaginable desde aquí, donde tan solo acertamos a percibir y a tocar a través de los sentidos.

Así pues, no te apenes y enfréntate conscientemente y con todos los poros de tu Sentimiento abiertos ante este paso que vas a dar: el más importante junto al de tu nacimiento en un cuerpo humano.

Que las dudas no nublen la luz de tu espíritu, ni te nuble el temor a lo que piensas que es desconocido, ni el miedo a enfrentarte con lo que esencialmente eres Ante todo, que se regocije en ti la alegría de encontrarte de nuevo en tu mundo madre al que, desde que naciste a la vida física, añoras en lo más profundo de tu ser y siempre buscas entre las cosas pasajeras de este mundo sin encontrarlo ni poderlo abarcar. Piensa que cuando los ojos de tu cuerpo físico se cierren ya cansados y también se cierren todos los sentidos, porque tu cuerpo ya empiece su retorno al ciclo que te lo cedió para utilizarlo en lo que aquí llamamos vivir, se abrirán los ojos y los oídos de tu ser real junto con él todo de tu ser, y con ellos ya no habrá límites para tu percepción ni límite para tu vuelo.

Y será entonces cuando veas el verdadero ser de las estrellas y comprendas el sentido de todas las cosas que antes estaban oscuras para ti. Sentirás que todo es Vida y te bañarás en ella hasta fundirte y penetrarte en toda una plenitud inimaginable.

Ven, hermano mío; no temas la acometida del dolor que a veces te hace olvidarlo todo para centrarte en tu cuerpo. Ven, hermano mío, y piensa que ese dolor es como el de un alumbramiento y, por lo tanto, de alegría, porque no es otra cosa que la lenta desconexión de "ti mismo" y la liberación del lastre del cuerpo físico que ya se está ajando.

¿Acaso no siente dolor la flor cuando se desprende de sus pétalos para volverse lentamente fruto? ¿Acaso en su transformación, de la mano del Otoño, los hermanos árboles no se lamentan cuando se desprenden sus hojas? ¿Acaso todo cuanto nace a un nuevo estado no sufre?

Bendito el sufrimiento que nos lleva a la Vida. Bendito el sufrimiento que nos hace nacer al ser y vestirnos con la túnica de luz.

Me puedes decir, hermano mío, parte de mí todo, que parece que intento robarte el deseo de vivir, la esperanza de que mejore tu vehículo físico y vuelvas de nuevo a integrarte en esa realidad que llamamos vida, en el seno de los seres que han vivido a tu lado dándote calor, cariño y cuidados.

Ciertamente, en Occidente hemos creado una concepción de la existencia donde el fin primordial es preservar la vida física. Tanto es así que se anula a una persona cuando, como producto de su vejez, las fuerzas físicas le abandonan: ya no es útil porque no produce, se suele decir. Y la arrinconan y apenas aprenden de sus experiencias y su sabiduría. La medicina hace todo lo posible por mantener vivo el vehículo físico y hacen, en su ignorancia y en la ignorancia de los que han sido educados en estas ideas, que el momento del desprendimiento se torne violento y amargo, anulando la quietud que debe reinar en él.

Todo esto nace a consecuencia de que la ciencia tan solo cree en aquello que puede tocar y experimentar. Así pues, nadie es preparado para la maravillosa aventura de la muerte, a la que se ve como una enemiga que viene a robar algo que, según ellos, no le pertenece. ¡Pobres ingenuos que juegan a inmortales con un cuerpo que, desde que nace, está sentenciado! ¡No saben que la inmortalidad es, precisamente, comprender y aceptar esto!

Yo, mi hermano, no deseo engañarte. Quiero ser sincero contigo y, por tanto, he de decirte que la Mano de la Muerte está siempre golpeando nuestro centro físico de gravedad hasta que lo rompe; entonces entra y nos inunda, al mismo tiempo que nos desata y libera. Así pues, no te aflijas y piensa que te has de enfrentar con el gran reto, con la gran incógnita que, consciente o inconscientemente, ha guiado tu vida. Procura llegar hasta ella con la conciencia lúcida, abrazándola como a una amiga, como a una hermana. Abandónate a la Mano de la Vida y deja que te guíe. Al igual que un pajarillo que aprietas entre tus manos se hace más daño en su intento por escapar que si se quedase quieto y sereno ante las circunstancias, así te pido yo que hagas, o me pido yo en ti que se haga: abandónate para que te penetre el gran misterio, el maravilloso misterio y déjate llevar entre sus manos, porque solo él puede enseñarte las estrellas y abrirte el camino que incluso aquí era una fantasía, una ilusión, algo que has oído y que tu razón, que todo lo quiere encauzar dentro de sus moldes, no acepta; porque no puede llegar hasta ese lugar.

Habla con tus seres queridos y sé la fuerza que necesitan para estar igualmente serenos y felices con tu marcha. Diles que con su llanto, con su querer posesivo, atan tu desprendimiento y tu vuelo más que mil cadenas. Diles que, si realmente te Aman, te desprendan de su posesión y comprendan, sepan y sientan que tu ser no muere, que tan solo lo hace tu envoltura física ante sus miradas engañosas. Diles que estén contentos; porque después de haber vivido una vida y aprendido lo que viniste a aprender, ahora vuelves a tu ser real para seguir el camino. Que no te hagan mirar hacia atrás, que no formen un muro con los sentimientos nacidos del no saber ver la realidad, y le hagan penoso el camino a tu esencia.

¿Sabes? Hay muchos que se niegan a continuar después de dejar el cuerpo físico, porque han sido educados de esta forma o porque tan solo creen en lo que pueden ver y tocar. Es muy curiosa la actitud de estos seres que, cuando dejan el cuerpo físico, piensan que no han muerto a la vida de los sentidos y actúan como si aún los tuviesen, lo que les acarrea un tremendo estado de angustia al no entender lo sucedido.

Ven y, en los momentos en que tu cuerpo cansado de sufrir admita el sueño reparador y la tranquilidad, toma mi mano y vuela conmigo. Vuela más allá de la envoltura física y observa cómo se queda allá abajo, sobre la cama, mientras jugamos con la luz que nos envuelve y con la quietud y la armonía que surge al desprendernos del cuerpo.


   Cuando la Hermana Muerte llegue hasta ti, ocurrirá algo similar. Por un tiempo se acrecentarán tus sentidos y, aunque tu cuerpo esté inerte y ya no puedas moverlo, vivirás y sentirás con infinita percepción todo aquello que te rodea. No te angusties en esos momentos; simplemente relájate y los hermanos de luz que trabajan desconectándote del vehículo físico, te ayudarán a salir de él

Una vez conseguido, lo verás inerte a tu izquierda. No te recrees en algo que ya no es sino un traje viejo que utilizaste para encarnarte durante un tiempo de tu eternidad; más bien reconoce que te has separado de él y, mirando a tu derecha, sigue la luz Viva que, como una antorcha en la oscuridad, te está llamando.

Síguela a través del túnel hasta fundirte con ella. En ocasiones, para guiarte a través del túnel vienen seres muy queridos para ti y que ya abandonaron su cuerpo físico; otras veces, tu propia devoción atrae la forma mental de una deidad o la imagen de una virgen o un santo en el que, durante tu vida física, depositaste toda tu fe. Ve con ellos, porque ellos te adentrarán en la luz del nuevo nivel de conciencia al que despiertas.

¿Sabes? Esta mañana ha llegado hasta mí la fresca mano del viento y ha acariciado mi cuerpo y ha dejado en él todo el perfume del otoño que ya inunda los campos. ¡Qué suave es su contacto! Se asemeja a las Manos de la Vida que siempre me han protegido y guiado por los caminos de la existencia, con tanto mimo como una madre a su hijo pequeño. Yo me abandono en ellas y me presentan ante los ojos de mi espíritu los acontecimientos y los caminos a seguir.

Ven, hermano mío; adéntrate tú también entre las Manos de la Vida, porque tan solo te apartan de ellas los pensamientos, todo aquello que te hace personal, todo lo que te egoiza. Ven, aparta de tu frente las ramas de los "yoes" que, cuando las mueve la brisa de la mente, se golpean unas contra otras haciendo imposible que te vivas. Abandónate al flujo del Estar sin pensar que estás. Eres todas las cosas. Tú eres de todas las cosas.

¡OH pajarillo cantor, qué bello saber hacerlo sin pensar!

¡OH bienaventurada flor, qué bello saber serlo sin pensar!

OH hermano mío, grande es la alegría que sentimos cuando nuestro intelecto abarca algo a través de la lectura o de la investigación, pero engañoso pensar que lo comprendemos; porque comprenderlo es serlo con todo nuestro ser y ese es un estado donde sólo habita la conciencia bien educada como simple espectadora y sin que medie la razón. Para mí, comprender es ser aquello que se comprende. No se puede comprender desde fuera sin que se deshaga lo que se comprende. La persona que comprende, lo que comprende y aquello que le motiva a comprender son una sola cosa:

una sola y única cosa. Cuando queremos explicar esto, nos damos cuenta de lo limitados que son los términos de las palabras para transmitir aquello que sólo se comprende cuando cada uno, por sí mismo, lo Es.

Igual ocurre con la Hermana Muerte. Todo lo que digamos de ella será solamente un intento de acercamiento, como pretender recoger en una fotografía la luminosidad del sol o en un dibujo el fluir de un río. Sin embargo, gracias a seres que han logrado experimentarla sin dejar el vehículo físico, sabemos de ciertos estados comunes a todos los humanos cuando se enfrentan a ella, aunque la propia particularidad de cada uno les de una experiencia única. De igual forma, tanto la Tradición como los textos antiguos explican el gran tránsito.

Yo, OH hermano mío, te relataré e intentaré transmitirte mi experiencia viva, la que me hace conscientemente inmortal, la que llena de alegría mi interior, porque he descubierto el espejo donde puedo reconocerme, donde estoy "yo mismo", donde soy.

¿Sabes? Mi totalidad ha mirado ese espejo y ha visto a mi doble que se miraba en él, y veía lo que soy en esta encarnación. Y mi todo, simultáneamente, podía estar en uno y en otro, y en muchas otras cosas. Y podía, desde uno, pensar y razonarse y, desde el otro, ser y sentirse. Desde uno andar con los parámetros del tiempo, observando la nitidez del antes, el ahora y el después. Desde el otro, estar donde se siente sin límites de tiempo, porque para él el tiempo no existe.

Ven, hermano mío, vamos a andar por los caminos que forman las estrellas y por los que forman los pensamientos altruistas de todos los seres.

Ven, vamos a oler el perfume de los seres que se vencieron y, con el sufrimiento, abrieron sobre la Tierra la flor de su interior para ofrecerla limpia y pura a la humanidad.

Ven, OH mi hermano; descansa de tu dolor aquí, sobre mi hombro. Unamos las luces de nuestras almas y andemos... andemos hacia adelante, hacia el gran corazón del ser, hacia el Núcleo del Amor.

Ven... ven a volar. A volar. Deja tu cuerpo reposando y ven... ven a volar Bendice a la Hermana Muerte que pronto romperá la jaula. Bendice a la hermana jaula que tanto te hizo añorar la libertad. Ven... ven a volar hasta ti. Hasta tu interior más profundo. Siento cómo el hermano dolor envuelve mi cuerpo con sus manos. Me acaricia y lo amo porque me hace añorar las manos dulces de la complacencia y hace añorarme más unido a mi, más completo.

Siento cómo el hermano dolor me transporta hacia el gran dolor de la humanidad y cómo me hace compartirlo y ayudar a soportarlo entre todos.

Siento cómo el hermano dolor es el anuncio de un alumbramiento de Luz. Un gran alumbramiento de Amor.

Está contento, hermano, si te acaricia la mano del dolor. Porque abrirá los ojos de tu espíritu más de lo que lo hace la Hermana Alegría, y curtirá las manos de tu espíritu más de lo que lo hace la Hermana Diversión.

Y aunque haga sangrar los pies de tu espíritu, los llevará hacia su Amada por el camino más corto.

Observa cómo llega de nuevo el atardecer y cómo le sigue la noche. Observa cómo nace de nuevo el hermano sol y de nuevo todo se inunda de actividad. Y mira cómo todo esto ocurre siempre ajeno a nuestro estado de ánimo, a nuestras vivencias y a nuestros sufrimientos.

Así, de esta forma es Todo el Todo de ti. Te abarca, te sustenta, en él vives y, sin embargo, está ahí, aparentemente distante y tan cercano, tan envolvente. Tan necesario.

Observa la piel de la Madre tierra: después de la retirada de las aguas se vuelve fértil y, ayudada por el aliento del aire, el calor del fuego y la humedad, crea frondosos bosques donde los hermanos árboles se expanden llenos de alegría. Después viene la mano del hombre que los tala y los sangra, quemándolos para robarles su fuego interno y modelándolos para satisfacer sus vanidades. Y así, en esas tierras siembra plantas que le alimentan y hacen sus días tranquilos. Al pasar el tiempo, esa piel de la Madre Tierra se convierte en desierto y con ello se hace altruista y desprendida; porque esa arena, ayudada por la mano impetuosa del aire y de las nubes, va a caer como polvo sobre otras partes de su piel para reforzarla. Algún día vendrá nuevamente el agua y la piel del desierto empezará así a recoger para poder seguir dando.

Recuerdas, hermano mío, momentos de la vida que has vivido y que se agolpan en tu mente como queriendo llamar tu atención. Algunos tocan tus sentimientos y hacen que tus ojos se humedezcan y otros, que nunca quisieras haber vivido, tratas de apartarlos de ti como si deseases apartar un dedo leproso de tu propia mano. Pero no te detienes a contemplar que son tan vacíos como una pompa de jabón, tan efímeros como una gota de agua en la lluvia. No te apegues a ellos, ni a los que consideras buenos ni a los que piensas que son malos. Son como una película ya pasada, como un camino ya recorrido. No mires atrás.

Todo lo que aprendiste va contigo y su riqueza es la enseñanza. La esencia de energías que despiertes va contigo y eso eres tu: algo que no tienes que guardar recordar, ni proteger. Tú eres el que eres.

No te angusties, no te detengas. Prepárate para el aquí ahora, llénate de él y abandónate a él. Las puertas de la muerte te llevarán por el camino sin retorno hacia otros soles, hacia tu Mundo Madre, aquel donde, alumbrado por tus padres celestes, naciste a la conciencia de ser hace incontables eones.

Y así... caminando, como siempre. Como siempre.

OH eterno hermano, OH eterno peregrino!. Peregrino entre las estrellas y más allá de las estrellas. Vadeando el lago de la eternidad. Mirando el horizonte que forman tus manos en cruz.

Así... así, en el silencio de la noche, cuando el Todo Uno serena su respirar, cierra sus ojos y relaja su cuerpo.

Así... así, en la Música del día, cuando el Todo Uno danza y hace girar todo su ser, expandiendo toda la alegría que inunda su corazón.

Así, OH eterno hermano, OH eterno compañero de viaje, OH eterno peregrino...

A ti... que dudas. A ti... que dudas sobre tu eternidad, te diré: si en manos de la vida el más pequeño de los gusanos se transforma y se hace alado, elevándose del suelo donde vivió; si el más insignificante árbol, al llegar el verano madura en mil frutos que después caen en el vientre de la tierra y se reproducen, haciéndolo andar sobre ella pequeños o grandes pasos; si los animales que trabajan para el hombre mueren en su sacrificio y así poder volar en espíritu y acercarse ascendiendo hasta el corazón de los hombres; ¿cómo no te vas a sacrificar, aún sin saberlo, para ganarte el corazón y la envoltura de un ángel? ¿Cómo eres capaz de retorcerte como una serpiente sobre el lodo a causa de lo que te enseñaron y de los errores del mundo donde vives, y no saber que eres eterno? Tal vez mayor sea tu alegría, querido hermano. Tal vez mayor será tu alegría...

Di con tu corazón:

No lloréis mi pérdida, hermanos míos. Aunque la vista y los sentidos os engañen.

No lloréis al ver el cuerpo que habité ajado y destruido por los dedos del tiempo. No lloréis aunque los recuerdos os hagan nudos de sentimientos en la garganta y un lugar en vuestro corazón quede vacío. No lloréis, porque todo es una ilusión. Permanezco aquí y allí.

Ahora estoy donde mi pensamiento desea. Ahora juego con las formas pasajeras de las cosas y puedo estar dentro y fuera de ellas. Puedo ser agua con el agua y aire con el aire, ser árbol y piedra, acariciar la esencia de todos los hermanos y aunarme al canto de los ángeles y al silencio de los dioses; ahora siento que mi aliento ya no está limitado por la cárcel de las costillas, yendo de un lado a otro más allá de todo límite.

No lloréis, porque lo que llora en vosotros es la ignorancia y el no saber ¡Cuánto me gustaría transmitiros mi alegría! Deciros que ahora estoy vivo, aunque ya no tengo labios para articular palabras que resuenen en la cueva de vuestros oídos. Ni tengo manos densas para poderos abrazar. Tan solo os puedo hablar dentro del corazón. Tan solo os puedo hablar con el silencio del ser.

Si han llegado a mí momentos de alegría, los pagaré con momentos de tristeza. Si has traído a mí momentos de gozo, OH Mano de la Vida, sé que con ellos también me traes momentos de depresión.

Si he vivido lleno de salud, vendrán a mí momentos de enfermedad y sufrimiento. Gracias, OH sabia Mano de la Vida, que me permites saborear por completo este bocado de conciencia que empecé a dar al nacer y que ahora finalizo muriendo.

OH hermano mío, cuando el peso del Hermano Dolor te incline como se inclina un junco roto tocado por el viento, recógete y acurrúcate en la cálida oquedad de la palma de la Mano de la Vida. No te alteres, y en el silencio del corazón reza tu oración. La oración que has hecho para hablar con las demás partes de ti. Si no has logrado hacer ninguna, pronuncia hacia tus adentros:

¡OH seres de Luz, que este dolor que me acerca a vosotros sea el cáliz del dolor de la Humanidad por encenderse al conocimiento de ella misma!

¡OH seres de Luz, que este dolor sea la túnica que tejí para cobijar la alegría del Amor!

¡OH seres de Luz, que este dolor sea para abrir las puertas y las ventanas de mis más oscuros rincones!

Y así... así el dolor se hará pequeño; porque sabrás, hermano mío, su sentido.

Debes saber, OH hermano, que puedes tener todas las cosas, pero nunca depender de ninguna de ellas.

Puedes tener todas las ideas y todos los principios, pero nunca atarte a ninguno de ellos. ¿Cuándo el espíritu, que es Luz, necesita muletas? ¿Cuándo necesita imágenes para mirarse a sí mismo? ¿Cuándo necesita de alguien que le indique el camino a seguir entre las estrellas para encontrar su casa? Todo cuanto he escrito y escribiré tan solo sirve para que tu mente hermana se despeje de supersticiones y de dudas que hacen difícil tu llegada a las Puertas de la Hermana Muerte; pero una vez pasadas, la luz sabe ir a la LUZ y el Amor al AMOR.

Si crees tener algo, poseerlo, ¿no es morir el hecho de perderlo? No tengas nada, no poseas, no desees y nunca morirás. Morirás, se sobreentiende, a esas formas o ideas, porque nunca se muere. Ni tan siquiera desees este cuerpo que habitas, aunque no por ello dejes de aprender a través de él, ya que a través de él vas a tocar lo que entendemos por vivir, vas a besar las formas, y te vas a reconocer disfrazado en todas ellas.

Has hecho sabio uso de él, pero ahora, cuando debes abandonarlo y devolverlo a la Madre Tierra, debes estar tan indiferente como cuando abandonas un momento vivido, a imagen de un paisaje o un amigo. Lo bueno y hermoso de las vivencias va contigo. No te apenes, pues, por dejar sus formas.

Sé vigilante de ti mismo. No te dejes vencer. Está en continua alerta. No bajes la guardia ante pensamientos que te hagan perder la quietud, la serenidad, el silencio interior.

Vívete en el aquí ahora conscientemente, sacándole todo el jugo a cada frase del Libro de la Vida que vas leyendo. Saborea el estado único que estás viviendo. Desarrolla al máximo tu sensibilidad. Vacíate en el propio vivir. Sé tú en el sufrimiento y la entrega.

¿Acaso nunca has pensado o sentido, hermano mío, que gracias a la Hermana Muerte el mundo y todo lo que lo envuelve es un misterio? ¿Acaso no ves que el vivir no es sino una huida y un prepararte para ella? Y ¿acaso no eres privilegiado porque te has acercado a sus Manos y has percibido su aliento y oído sus pasos?

Hazle frente y llega hasta sus puertas con la conciencia lo más despierta posible. Vívela, porque vivir la Muerte es romper la vida y su sueño y andar con el Ser Puro sin vestidos ni velos que empañen la verdad, sin conceptos ni ideas que modelen el rostro sin rostro del Todo Uno Consciente Creador.

He estado con mi cuerpo de luz más allá del tiempo que miden los hombres. Y he estado de cara a la eternidad, he besado su rostro y he acariciado lo Innombrable, aquello que no se puede tocar con las manos del pensamiento del mundo; porque ante Ello la Razón se embriaga y no puede ver, la lógica se nubla y entristece porque no puede contar ni medir sus pasos.

He estado con mi cuerpo de luz y he paseado más allá del cerco donde se mueve mi conciencia y he nadado en lo Misterioso como si fuese un mar de cristales sin formas abarcables.

¿Qué podría decirte, OH Razón mía? ¿Cómo podría hablarte, OH conciencia de vigilia? ¿Qué podría hacer para que tú, OH parte física de mí, pudieses comprender o vivir lo que yo he vivido más allá de tu envoltura y lo que he visto más allá de tus ojos y tus sentidos? ¿Cómo podría dejar escrito en un papel aquello que ni tan siquiera es imaginable, aquello que, envolviéndolo todo, no es definible? Quizás hable más de Ello el blanco que queda entre las letras que las propias leyes, una hoja en blanco que esa misma hoja manchada por las palabras.

Me abro en mi Ser y mi espíritu se expande y se eleva y mi alma se viste con la limpia túnica de la luz y dice:

OH luz, que aquellos que me miren te vean.

Que aquellos que escuchen mis palabras sean a Ti a quien escuchen en ellas.

Que aquellos que me sienten te sientan.

Que aquellos que me comprenden sean a Ti a quien comprendan.

Y así, en el momento en que mis manos tomen las manos de la Hermana Muerte, sean tus Manos las que tomen las Manos de la Hermana Muerte y enciendan un camino para alumbrar a muchos.

Ya ves, esta energía-pensamiento que, en este momento, voy depositando aquí, sujetándola con palabras, tú la estás recibiendo en este mismo instante, al leerlas.

Yo, sin embargo, en este momento en que lees, ya he dejado mi envoltura física y he salido de ese nivel que aún vives con tu cuerpo; y sin embargo estoy aquí, junto a ti, dándote esta energía de comprensión después de haberla sublimado en mi ser y modelado en mi particularidad.

Ya oigo cómo mueren los delfines. Con ellos muere la trama del pensamiento de Gaia.

La enfermedad que veo en ti ¡OH Gaia!, abriendo los ojos y mirando el entorno, es igual que la que vivo dentro de mi vehículo físico. Inexorable pero purificadora para mi espíritu y gratificante para la totalidad de mi s e r.

No hay nada más mío que "yo mismo" y, sin embargo, para concienciarlo en mí, si recurro al sentir casi lo abarco, y si recurro al intelecto casi lo destruyo.

Las células cancerígenas que ya forman parte de mi organismo físico, activamente me piden, a través de él, sus alimentos favoritos.

Hermano mío, toma mis alas y vuela. Vuela hasta que encuentres las tuyas ocultas tras las dudas, el abandono y la ignorancia que te dieron a beber desde que naciste a esta vida.

Ven, toma mis alas y vuela para que te sepas inmortal y te sientas vivo más allá del tiempo que tiene como límite tu cuerpo. Cuando lo hagas, tan solo una vez, te sobrarán todas las palabras, todas las explicaciones y todas las creencias para saberte un dios que despierta de un largo sueño de limitaciones.

Aun por encima de las dudas que llenen tu cabeza y de la negación que te obstinas en defender, seguirás viviendo una vez hayas abandonado el vehículo físico; porque la vida no muere, y la propia muerte no es sino un ritmo de la Vida.

Aunque no lo creas y una y otra vez te parezca un sueño, porque no comprendes, todo esto ocurre porque sigues vivo sin tu cuerpo físico. Aunque todo tu alrededor sea extraño y no lo puedas abrazar con tu razón, todo esto ocurre porque has dejado el vehículo físico sin darte cuenta.

Un abrazo fraterno.

CAYETANO ARROYO

 

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